Prefacio

Engraving by Samuel Hollyer, after a daguerreotype by Gabriel Harrison (original daguerreotype lost)
Engraving by Samuel Hollyer, after a daguerreotype by Gabriel Harrison (original daguerreotype lost)

Sección 1

Whitman abre su poema con un verso convencional, pentámetro yámbico, como para sugerir la apertura formal de una épica clásica, antes de abandonar la métrica para adoptar versos de fluidez libre con ritmos que cambian y se adaptan al momento. En vez de invocar a la musa que le permita entonar la canción épica de la guerra, la furia, y viajes lejanos, Whitman se convierte en su propia musa, cantando él mismo y anunciando que el tema de su epopeya, será él mismo.  Él "celebra" su yo, y la etimología de la palabra "celebrar" indica "volver" o "frecuentar." Todo el poema constituirá el registro de Whitman auto-expandiéndose en el mundo con la absorción y experiencia, para luego contraerse en sí mismo, descubriendo que él puede contener y mantener la diversidad salvaje de la experiencia que encuentra en sus viajes por el mundo. Se propone así expandir las barreras del yo para incluir, en primer lugar, a todos sus conciudadanos Americanos, luego a todo el mundo y, en última instancia, al cosmos. Cuando llegamos a comprobar cuán vasto el yo puede llegar a ser, ¿qué nos queda sino celebrarlo regresando al mismo una y otra vez?

A lo largo del poema, Whitman sopesa la pregunta de cuán grande puede llegar a ser el nuevo ser democrático antes de disiparse en la contradicción y la fragmentación, y cada vez que parece alcanzar el límite, se expande aún más. En los tres primeros versos abandona las dos cosas principales que separan a las personas, que crean animosidad, los celos y la guerra — creencias y posesiones: " Y lo que me atribuyo también atribuíoslo vosotros,
Pues cada átomo mío también os pertenece a vosotros.”

En todos los niveles de nuestro ser, estamos incesantemente transfiriendo e intercambiando materiales, ideas, emociones, afectos. Los átomos que ayer compusieron una vaca viviente o una planta creciente hoy forman parte nuestra, al igual que los átomos eternos del universo continúan su constante interacción y reajuste. De esta manera Whitman nos presenta a sus dos personajes principales, "Yo" y "tú/vosotros." Esta sección comienza con "Yo" y termina con el "Tú/vosotros",  como lo hace todo el “Canto de mí mismo”: experimentamos la transferencia de energía de Whitman del "Yo" al "tú/vosotros" que como lectores aprendemos a habitar en este poema. Es posible escuchar el "tú/vosotros" en "Canto" como dirigido a toda la nación o el mundo entero, y también es posible escucharlo íntimamente dirigido sólo al lector individual en este momento particular de encuentro. En el poema es una de las palabras más difíciles de traducir, porque el pronombre de segunda persona en inglés es bastante promiscuo: "tú/vosotros" es la palabra que utilizamos para enfrentar a nuestro amante más íntimo, al igual que a un extraño por completo, a una persona sola con nosotros en una habitación o a una gran multitud.
Whitman se burla de todas las implicaciones de este promiscuo pronombre inglés que implica al mismo tiempo a una "simple persona independiente" y también "masivamente," a un mundo de extraños potencialmente íntimos que siempre circunda a nuestro alrededor. Los traductores deben decidir en cada caso si el "usted" es informal o formal, singular o plural.

El hablante en el poema "vaga" y observa "una brizna de hierba estival" y el poema entero se genera en ese acto. Pensando en la tierra en que él creció y la de sus antepasados, se da cuenta de que cada hoja de hierba es un signo de transferencia, como la hierba que crece de las tumbas, como los átomos de los muertos surgen de la tierra y ahora le proveen la voz, formando la lengua que cantará su pasado (su órgano de vocalización está literalmente conformado por los átomos de la tierra en la que y sobre la que canta). Así el  "Canto de mí mismo" nos inicia en lo que el poeta llama "un viaje perpetuo," que se convierte en una narrativa de escape para todos los lectores del poema, que necesitan liberarse de todas las creencias esclavizantes y posesiones que impiden el crecimiento individual, que necesitan poner "Credos y escuelas en suspenso" con el riesgo de un viaje que nos llevará más allá de las nociones preconcebidas de "bien" y "mal", un viaje que nos permitirá enfrentar la “energía original” de la naturaleza no controlada, naturaleza liberada de las restricciones que a todos nos han enseñado a ponerle.

—EF  (traducción L. A. Ambroggio)

ME CELEBRO y me canto,
Y lo que me atribuyo también atribuíoslo vosotros,
Pues cada átomo mío también os pertenece a vosotros.

Vago e invito a mi alma,
Huelgo y vago contemplando una brizna de hierba estival.

Mi lengua, cada átomo de mi sangre, emanados de esta tierra, de este aire,
Nacido aquí de padres nacidos aquí, cuyos abuelos y bisabuelos también nacieron aquí,
Yo, a los treinta y siete años de edad, en perfecta salud comienzo a cantar,
Con la esperanza de continuar hasta la muerte.

Que guarden silencio los credos y las escuelas,
Que retrocedan un rato, consciente de lo que son, nunca olvidados;
Guardo, para bien o mal, permito a hablar a todos los azares
La desenfrenada Naturaleza con su energía original.

Afterword

Se dice que un poema es un acto de atención –hacia alguien, algo, una experiencia o trozo de existencia, tomada, imaginada o recordada- y en la primera sección del “Canto de mí mismo” Whitman ofrece una imagen del poeta prestándole atención al mundo, vagando (palabra maravillosa!),  inclinándose, abriendo su alma al mundo. Lo que observa es algo simplísimo, una brizna de hierba, y ése es precisamente el punto: un poema que busca nada menos que contar la historia del universo, desde dentro y desde fuera, comenzando en el nivel de los átomos, en la sangre, la tierra, el aire, y circular por todos lados –el testamento de un hombre determinado a ampliar nuestras capacidades imaginativas.

La influencia del “Canto de mí mismo” en la poesía Americana es incalculable. El poeta insiste que “cada átomo que me pertenece también te pertenece”, palabras que han inspirado a un sinnúmero de poetas a cartografiar nuevos mundos. Por cierto es difícil imaginarse a un William Carlos Williams descubrir “los productos puros de América”, a un Theodore Roethke emprender “el largo viaje fuera de sí mismo”, o a Allen Ginsburg escribir “Aullido” sin la presencia de Whitman, sin mencionar la obra de los poetas contemporáneos como C. K. Williams y Pattiann Rogers. Todos vivimos bajo la tutela de aquel pionero que nos aconseja, como en los versos finales del “Canto de mí mismo” a buscarlo debajo de las suelas de las botas. 

Una palabra sobre la prosodia de Whitman: el movimiento desde el pentámetro yámbico a la cadencia del verso libre a modo de los salmos, señala su alejamiento de la versificación tradicional inglesa, empujándolo de lo conocido a lo desconocido. Él está viajando más que nunca hacia el futuro, desde una brizna de hierba hasta la estrella más lejana y nuevamente de regreso, y para este viaje va a necesitar una música más versátil que la que pudiera alcanzar con el verso suelto. El verso que descubrió, que puede acomodar un rango extraordinario de sujeto, dicción, tono, imaginario e ideas: “La desenfrenada Naturaleza con su energía original”. Esta energía alimenta su Canto.

—CM (traducción de L. A. Ambroggio)

Question

"Yo me celebro"—era el primer verso de la primera versión publicada del “Canto de mí mismo”, al que  Whitman luego le añadió la frase “y me canto a mí mismo”.  ¿Cómo cambia esta añadidura su entendimiento del poema? ¿Por qué cree que Whitman hizo ese cambio?